Cuando pedir ayuda no ayuda (miedo)

No puede uno ser valiente si le han ocurrido sólo cosas maravillosas.

—Mary Tyler Moore, actriz.

En el último artículo vimos que evitar a toda costa una situación que tememos o que nos resulta difícil puede resultar una mala solución a largo plazo (aunque en un primer momento te calme).

Pues además de la evitación, hay 2 formas más de “gestionar” el miedo y los nervios que puede que estén empeorando la situación.

¿Quieres conocerlas?

Te cuento.

Una de ellas se trata de pedir ayuda constantemente.

Esto no significa que no debes pedirla cuando realmente la necesites, faltaría más.

Hay una diferencia importante: se empeora cuando siempre se pide ayuda a la mínima dificultad, cuando en el fondo no haría falta pedirla.

Observa que esto funciona de la misma manera que la evitación: que siempre haya alguien dispuesto a ayudarme, me confirma continuamente mi incapacidad para afrontar solo lo temido.

Esto puede llegar a limitarte mucho.

Más pido ayuda, protección y palabras tranquilizadoras, más nos sentimos fuera de peligro, pero al mismo tiempo empeoramos los miedos y los nervios, porque reafirmamos nuestra incapacidad para resolverlos.

Miedo ⇒ Pido ayuda ⇒ Me siento incapaz ⇒ Más miedo ⇒ Más pido ayuda ⇒ Más incapaz me siento…

Cuanto más se repite este círculo, más grande se hace el miedo y más pequeño te puedes llegar a sentir para poder enfrentarte a la situación.

Es raro pero así funciona la mente humana.

Entonces.

Ponerse nervioso.

Que se te olvide el truco.

Que te suden las manos.

Que empieces a tartamudear mientras hablas.

Que los espectadores se confundan.

Todo lo anterior es incómodo, no es agradable.

Que no sea bonito ni divertido no significa que no pueda ser algo útil para ti, para convertirte en mejor mago (y mejor persona).

Pedir ayuda constantemente o evitar esas situaciones pueden ser formas de robarte la oportunidad de crecer, de fortalecer tu confianza y seguridad en ti mismo.

De ser valiente.

Y como decía la frase que te he dejado arriba de todo:

No puede uno ser valiente si le han ocurrido sólo cosas maravillosas.

Por eso, y aunque parezca raro lo que te voy a decir… te deseo que te pongas nervioso alguna vez, que se te olvide el truco, que te suden las manos, que se te caigan las cartas al suelo, que tu voz tiemble y que los espectadores intenten fastidiarte el truco.

¡No me he vuelto loco!

No te deseo el mal… solo deseo que despiertes al GIGANTE que hay dentro de ti y los gigantes se hacen fuertes derribando muros.

Tu magia lo notará.

Tu público lo disfrutará.

Gracias por llegar hasta aquí.

Espero haberme explicado bien y que te sirva todo esto.

En el próximo artículo seguimos con la tercera y última forma de intentar solucionar los miedos y los nervios.

Más adelante te daré ideas para que lo apliques en tu práctica y aprendamos a utilizar los miedos a nuestro favor.

Un abrazo a todos.

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